
Carlos Santiago Bruna, de 67 años, fue condenado a 27 años de prisión por delitos contra la integridad sexual cometidos contra once mujeres cuando eran niñas. Nueve pertenecían a su entorno familiar y otras dos eran vecinas. La condena también abarcó delitos relacionados con material de abuso sexual infantil.
La causa comenzó a tomar estado público en 2023, cuando varias de las víctimas denunciaron hechos ocurridos muchos años atrás. Durante el juicio, la defensa sostuvo que los delitos estaban prescriptos. El tribunal rechazó ese argumento: entendió que Bruna había cometido nuevos delitos de manera sistemática a lo largo de 41 años y que eso había interrumpido la prescripción de los hechos anteriores.
El caso también sirve para aclarar una confusión frecuente: una persona puede denunciar un abuso sexual sufrido durante la infancia aunque hayan pasado muchos años. Distinto es determinar si, desde el punto de vista jurídico, la acción penal continúa vigente. Eso depende de la fecha de los hechos y de las normas de prescripción aplicables en cada situación.
En Argentina, la legislación fue modificándose para contemplar los tiempos que muchas víctimas de violencia sexual durante la niñez necesitan antes de poder hablar o denunciar. En 2011, la Ley 26.705 estableció que, para determinados delitos sexuales contra menores de edad, el plazo de prescripción comenzara a correr recién cuando la víctima alcanzara la mayoría de edad.
Cuatro años después, la Ley 27.206 introdujo un nuevo cambio: para esos delitos, la prescripción queda suspendida mientras la víctima es menor y continúa así hasta que, siendo adulta, realiza la denuncia o ratifica la que hubiera sido presentada durante su infancia.
Eso no significa que todas las causas antiguas tengan la misma respuesta ni que las reformas puedan aplicarse automáticamente a hechos ocurridos antes de su sanción. Cada situación debe analizarse de manera particular. Pero el paso de los años, por sí solo, no debería impedir que alguien consulte, busque acompañamiento o decida denunciar un abuso sufrido durante la infancia.
En este caso, una causa que en algún momento fue presentada ante las víctimas como difícil de llevar adelante finalmente llegó a juicio. El tribunal escuchó los hechos y dictó una condena de 27 años de prisión.
Habían pasado años desde los abusos. Las niñas crecieron y pudieron contar lo que había ocurrido. Esta vez, fueron escuchadas y obtuvieron una respuesta de la Justicia.
