El proyecto sobre propiedad privada modifica normas vinculadas con tierras rurales, desalojos, expropiaciones y terrenos afectados por incendios. El debate también alcanza el acceso al agua, la vivienda y la realización de obras públicas.
Este 6 de agosto, el Senado tratará un proyecto que cambia las reglas sobre tierras rurales, desalojos, expropiaciones y terrenos incendiados. Puede sonar lejano, pero no lo es: hablamos del agua, los alimentos, la vivienda y las obras públicas.
Hoy, la Ley 26.737 limita al 15 % la cantidad de tierras rurales que pueden quedar en manos extranjeras y establece controles especiales sobre zonas de frontera y terrenos con grandes cuerpos de agua. El nuevo proyecto deja más decisiones en manos de cada provincia. Eso significa que una podría poner límites fuertes y otra abrir mucho más la compra de tierras a capitales extranjeros.
¿El problema? Una empresa no compra solo hectáreas. Puede comprar acceso a ríos, humedales, montes, agua y zonas productivas. Por eso no alcanza con saber quién firma la compra: hay que conocer de dónde viene el dinero, quién está detrás y qué piensa hacer con ese territorio.
El proyecto también acelera algunos desalojos. Eso puede dejar a familias, cooperativas o comunidades con menos tiempo para defenderse, presentar documentos o conseguir otro lugar donde vivir. Además, modifica las indemnizaciones por expropiación, lo que podría encarecer rutas, escuelas, hospitales, viviendas y defensas contra inundaciones.
También flexibiliza restricciones sobre terrenos incendiados. Y acá la pregunta es simple: si una tierra quemada después vale más o puede usarse para un negocio, ¿quién termina beneficiándose?
El Gobierno dice que la reforma busca atraer inversiones. Pero invertir no puede significar concentrar tierra, agua y poder en pocas manos sin controles claros.
¿Qué podemos hacer?
No hace falta estar en una marcha para involucrarnos. A veces, el primer paso es mucho más simple: frenar unos minutos, informarnos y hablar del tema con alguien más.
En una mateada hablamos del Mundial, del clima, de la inflación, del precio de la carne, del alquiler, del trabajo, de la inseguridad o de lo que pasó en el barrio. También tenemos que hacerle un lugar a esta discusión: el país está impulsando una ley que busca flexibilizar la compra de tierras por parte de personas y empresas extranjeras.
No es un tema lejano. Puede afectar el control sobre el agua, los recursos naturales y los territorios donde vivimos. Por eso, entender qué se está votando también debería formar parte de nuestras conversaciones.
Podemos leer esta nota, buscar más información verificada y compartirla con alguien cercano. Podemos hablar del tema en casa, en el trabajo, en la escuela, en el club, en la cooperativa o en el grupo de WhatsApp. A veces, diez minutos alcanzan para abrir una pregunta clave: ¿quién decide sobre la tierra, el agua y los territorios donde vivimos?
También podemos preguntarles a quienes representan a Santa Fe cómo van a votar, seguir la sesión y guardar sus respuestas. Y para quienes no usan redes, la información puede circular de otras maneras: en una charla, un audio o una copia impresa.
Participar no es solamente movilizarnos. También es entender qué se está decidiendo, hacer preguntas, compartir información y evitar que un tema tan importante pase desapercibido.
Ya sabemos que cuando una comunidad sabe lo que está en juego, es mucho más difícil decidir a sus espaldas.

