
En redes circulan muchas frases hechas sobre Malvinas. Algunas parecen simples opiniones, pero en realidad confunden, vacían la discusión y nos alejan de una reflexión seria. Por eso este 2 de abril también vale la pena frenar y decir algunas cosas con claridad.
Mito 1: “Hablar de Malvinas es ser militarista.”
No. Defender la soberanía argentina sobre Malvinas no obliga a glorificar la guerra. La ONU sigue reconociendo que existe una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido, y la enmarca dentro del proceso de descolonización; además, sostiene que la salida debe ser pacífica y negociada. O sea: se puede defender la causa Malvinas y, al mismo tiempo, rechazar la guerra y el militarismo.
Mito 2: “Malvinas es un tema del pasado, ya está resuelto.”
Tampoco. No está resuelto. Si lo estuviera, Naciones Unidas no seguiría hablando de una disputa de soberanía ni llamando a negociaciones. Presentarlo como un tema “cerrado” sirve para naturalizar una situación colonial que todavía existe. Y ahí hay que ser claros: hablar de Malvinas también es hablar de colonialismo, de territorio, de recursos y de una potencia ocupando un espacio que la Argentina reclama desde hace casi dos siglos.
Mito 3: “Como la guerra la hizo la dictadura, entonces el reclamo argentino no vale.”
No. La guerra de 1982 fue responsabilidad de una dictadura genocida. Pero la causa Malvinas no empezó con la dictadura ni termina en ella. El reclamo argentino por la soberanía es anterior a la guerra, y la propia ONU continuó reconociendo la disputa después de 1982. Confundir una causa histórica con el uso que hizo de ella una dictadura es una forma de manipulación. Una cosa es la causa de soberanía; otra, muy distinta, la aventura militar de un régimen criminal.
Mito 4: “Solo hay que escuchar lo que quieren los isleños y listo.”
La situación no es tan simple como a veces se repite en redes. En la cuestión Malvinas, Naciones Unidas trata el caso como una disputa de soberanía entre dos Estados. La posición argentina, sostenida históricamente ante la ONU, plantea que no se trata de un caso clásico de libre determinación porque eso implicaría dejar el destino del territorio en manos de la misma potencia que se instaló allí por la fuerza, perpetuando el colonialismo. Por eso la discusión no se puede reducir a un eslogan fácil.
Mito 5: “En Malvinas fueron solo héroes militares profesionales.”
No. La mayoría de quienes combatieron eran conscriptos muy jóvenes, muchos de apenas 18 o 19 años, convocados por el servicio militar obligatorio. Eran pibes comunes, sin preparación para una guerra, enviados por una dictadura a un escenario extremo. Recordarlo es clave para no romantizar: no eran solo “héroes”, eran también víctimas de una decisión política.
Mito 6: “En Malvinas estuvieron solo los hombres y los héroes de uniforme.”
Tampoco. Hubo mujeres: enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas, radiotelegrafistas y otras trabajadoras que cumplieron tareas fundamentales. Durante años fueron invisibilizadas y les costó muchísimo ser reconocidas. Recordarlas no es “agregar un detalle”: es corregir una memoria incompleta e injusta.
Mito 7: “Hablar del dolor, del trauma o del abandono le quita heroísmo a Malvinas.”
Al contrario: hablar de eso humaniza la memoria. Muchos excombatientes volvieron con heridas profundas y durante años convivieron con el silencio, el abandono y mandatos de masculinidad que les exigían “aguantar” y no mostrar sufrimiento. Una sociedad madura no tapa esas marcas: las reconoce, las escucha y las repara.
Mito 8: “La desinformación sobre Malvinas es algo nuevo de las redes.”
No. La desinformación ya acompañó a la guerra en 1982: propaganda, triunfalismo y noticias falsas difundidas en plena dictadura. Las redes hoy aceleran y multiplican ese problema, pero no lo inventaron. Por eso repetir slogans sin chequear también es una forma de seguir confundiendo.
Hablar bien de Malvinas no es repetir frases vacías.
Es poder decir, al mismo tiempo, varias verdades:
Que la soberanía argentina sobre las islas sigue siendo una causa vigente.
Que existe una situación colonial que no puede naturalizarse.
Que la guerra de 1982 fue responsabilidad de una dictadura.
Que muchos de los enviados eran jóvenes de 18, 19 y 20 años.
Que hubo mujeres invisibilizadas.
Que hubo dolor, trauma y silencio.
Y que pensar Malvinas en serio exige menos consignas y más honestidad.
Porque hacer memoria no es simplificar.
Es animarse a discutir con argumentos.
Y también es defender una idea de país: con soberanía, con verdad, con justicia, con memoria y con paz.